Cada vez más padres piden ayuda para ponerles límites a sus hijos

Son chicos que no respetan normas ni autoridades de ningún tipo. Según los expertos, es porque hay padres que naturalizan sus caprichos y son muy permisivos. Claves para evitar problemas de conducta.

Nos dijo la directora que si sigue así lo tengo que cambiar de escuela. Tiene malas notas, contesta mal, no presta atención». «Pasa todo el día con la tele o la computadora. No lo puedo sacar». «Es muy agresivo, tiene 9 años y ya me levantó la mano dos veces». «No acepta la ropa que le quiero poner, no le puedo hacer tomar los remedios, si no hago la comida que él quiere no come. Si yo a los 5 años hacía eso me mataban». «Ya no sé cómo manejar a mi nena. No la puedo dejar en el jardín porque se ahoga del llanto. Me siento mal y me la llevo».

Preocupaciones. Inquietudes. Quejas en algunos casos. Con impotencia, con un alto grado de desconcierto y una cierta dosis de cansancio, cada vez más padres acuden a profesionales para pedir asesoramiento y ayuda en la crianza de sus hijos. Según un relevamiento realizado por Clarín, la consulta psicoterapéutica en niños y adolescentes no sólo es cada vez más temprana sino que creció entre un 40% y un 100% en la Capital Federal en los últimos dos años. ¿Las causas? Las principales: falta de límites, desconocimiento de la autoridad y problemas de conducta. Las demás: abandono emocional, crisis de angustia y trastornos de aprendizaje y alimentación.

En Centro Dos —una institución de asistencia en psicoanálisis— las consultas se duplicaron desde 2001. «Lo que más aparece es el tema de los límites: chicos que no respetan normas ni autoridades de ningún tipo. Antes se decía que los padres aflojaban en la adolescencia, pero ahora esto está ocurriendo a los 3, 4 años. Los padres naturalizan los caprichos y son muy permisivos. Creo que quienes tienen entre 30 y 45 años están complicados con el tema de la autoridad: la confunden con autoritarismo, con tiranía, y no la ejercen», comenta la psicoanalista Gisella Untoiglich.

«A los chicos hay que escucharlos, mimarlos, pero necesitan límites, conducción, poder confiar en el adulto. Cuando el chico hace lo que quiere está solo, desvalido», sigue la especialista. «Además, en algunos casos hay un exceso de explicaciones: hay razones que tienen que ver con que uno es el adulto y decide. No hay que sentir culpa por eso». En general, la consulta empieza en la edad escolar: es el primer ámbito donde el niño despliega sus recursos fuera del seno familiar.

Cada vez más chicos

«Al hospital vienen chicos cada vez más chicos y creció el número de casos severos. Los problemas son más complejos y requieren más tiempo de intervención», comentó Joselina Elgasi, de la Red Infanto Juvenil de Salud Mental de la Ciudad.

En la Fundación para la Salud Mental la admisión de niños y adolescentes aumentó un 100%. «Vemos muchos casos de trastornos de aprendizaje y conducta y déficit atencional. Son problemas que se originan en la falta de comunicación familiar y en la ambivalencia de límites», apuntó el licenciado Pablo Boned.

También se duplicó el número de pacientes en el Servicio Integral de Psicología. Según contó su directora, Estela Cuendias, en los adolescentes «vemos muchos problemas con los límites, algo asociado a la carencia de seguridades de todo tipo, a la falta de objetivos y horizontes claros. Con la crisis muchos padres se sintieron desacreditados por no poder sostener a la familia y no saben cómo pararse frente a los hijos».

¿Qué hace que un chico transgreda, no acepte límites ni reconozca autoridad?

«Un niño internaliza la ley, las normas, desde muy pequeño. Se supone que en ese momento hay un adulto que lo ordena internamente. Lo que venimos viendo últimamente es una declinación de esa función. Los padres esquivan el no, no ejercen la autoridad, y el chico luego tiene dificultades para incorporar normas sociales», dice el psicólogo Fernando Osorio.

Otro enemigo recurrente de los límites es el consumo. «Muchos padres silencian las demandas de los chicos con objetos y regalos —agrega—. Lo llamamos el mercantilismo en la crianza: ‘si te bañás te compro algo’, ‘si hacés los deberes te llevo al cine’. De esta manera se entra en una negociación permanente con el chico, lo cual lo va a convertir en un transgresor, porque no incorpora la norma sino la negociación».

¿Por qué es beneficioso consultar a un profesional? «Porque se traduce el síntoma. El chico quiere comunicar algo, está diciendo —de la manera que puede— que tiene un problema. Cuando los padres comprenden lo que le pasa la situación empieza a cambiar», dice la doctora Mónica Oliver, jefa de psicopatología del Hospital Alemán, donde la consulta creció un 40% desde el 2001.

Y Boned agrega: «Ir a un psicólogo no debe estar asociado a la locura ni al fracaso, sino a la posibilidad de buscar alivio y respuestas ante las distintas crisis vitales».

No es fácil. Los hijos le devuelven a los padres un espejo de lo que hicieron, de lo que hacen, y más de uno huye despavorido tras la primera consulta. «Es complicado —dice Untoiglich—. Algunos llegan diciendo que sus chicos son maleducados y uno los mira… Lo que hace un chico suele hablar de los grandes que lo rodean».

Entrevista con Georgina Elustondo – Clarín Sociedad – 13 de junio de 2004