Fobia social: afecta al 20% de los argentinos y va en aumento

Dar un examen, ir a una fiesta o tener una entrevista laboral a veces produce palpitaciones, mareos o náuseas. Esta enfermedad aparece en la adolescencia, pero la gente recién consulta de grande.

El problema en los chicos

“La timidez es la punta del iceberg de otros problemas mucho más profundos”, explica el psicoanalista Fernando Osorio, que se dedica a la atención de niños y adolescentes. Y agrega: “En general, lo que hay detrás es un proceso de angustia que no llega a resolverse. Hay chicos con problemas de conducta, de atención, de lenguaje. Están los transgresores, los que no pueden dormir, los que se enferman, los nerviosos, los que tienen Tics. Y están los tímidos. Los que atraviesan un proceso de inhibición. Es una manera de manifestarse”.

El psicoanalista explica que esta angustia lleva a los chicos a aislarse: “Sienten que es imposible relacionarse con sus pares. No salen al recreo, no van a los cumpleaños. No hacen actividades extraescolares. Sienten que los demás se los devoran con la mirada, y entonces ellos se recluyen”. Osorio dice que esta timidez extrema o fobia social puede estar relacionada con la relación del chico con sus padres: “Si son avasalladores, los inhiben. Es fundamental encontrar el origen del problema”.
Levantar la mano en clase. Dar un discurso. Exponerse ante el público en un escenario. Ir a una fiesta. Acudir a una cita. Pedir un favor. Situaciones reconfortantes para algunos o apenas perturbadoras para otros, pueden resultar una verdadera tortura para aquellas personas que sufren fobia social. Y no son pocas. Los especialistas estiman que dos de cada diez argentinos padecen esta enfermedad. Y creen que muchos de ellos lo ignoran.

A no confundirse con ser tímido. Todo el mundo tiene, en el fondo, algunos rasgos de timidez que se pueden disimular más o menos. A nadie le resulta demasiado fácil ni sencillo confesar un amor, pasar un examen o enfrentar una entrevista laboral. Pero si frente a estas situaciones uno se paraliza o se descompone, la timidez está dejando paso a una patología.

“La ansiedad es tan fuerte que ante la idea de ir a una reunión, una comida o tener que hablar con mi jefe ya sentía dolores de cabeza, de estómago, náuseas, mareos, palpitaciones, insomnio y hasta presión en el pecho”, describe Germán, un joven de 28 años que hace 11 meses que trata de superar su fobia con terapia.

Lo peor es que las personas que sufren estos síntomas son conscientes de que todos sus temores son excesivos y hasta irracionales, pero no pueden controlarlos. La reacción más frecuente es evitar toda situación que pueda hacerlos sentir mal.

Aun así, a veces no queda otra opción que la de enfrentar el compromiso. “El esfuerzo es enorme, y las sensaciones en el cuerpo, muy pero muy incómodas: un sudor frío invade todo, las manos se humedecen, los músculos se tensan, la boca se seca y la cara se tiñe de un rubor muy intenso”, señala el psiquiatra Carlos Carrión, presidente del Fobia Club.

Las estadísticas mundiales indican que la fobia social afecta al 14% de la población. Carlos Malvezzi Taboada, doctor en psicología clínica y director del Instituto Gubel —donde se atienden 60 personas por esta patología (el 40 por ciento de los pacientes)—, afirma que en Argentina la tasa de prevalencia es del 20%.

“Las consultas aumentaron entre un 80 y un 100 por ciento en los últimos dos años —agrega Taboada— . Es una patología de moda que antes no se diagnosticaba. Y tiene que ver con la vida que llevamos. Somos cada vez más individualistas, tenemos tendencia al aislamiento, se trabaja mucho en las casas y la gente se pasa horas sola frente a la computadora. Todo esto lleva a que cada vez sea más difícil comunicarse”.

La psicoanalista Silvia Justo, del Centro Dos (una asociación civil sin fines de lucro dedicada a la asistencia y docencia en psicoanálisis), relaciona el aumento de las consultas con la búsqueda de trabajo: “A los fóbicos les resulta imposible enfrentar una entrevista laboral. No es que ésa sea la raíz de su problema, pero sí les funciona como disparador”.

Carrión explica que, en general, este trastorno se manifiesta en el paso de la infancia a la adolescencia: “Es la hora de relacionarse con el sexo opuesto, de salir con los compañeros del colegio, de enfrentar a los profesores, de alejarse de los padres. Son situaciones que generan síntomas de fobia. Igualmente, las consultas suelen hacer después de los veinte años”.

¿Por qué? “Porque la gente pide ayuda recién cuando pasa por una gran crisis, como perder un trabajo, no poder rendir los exámenes en la facultad o tener problemas para conseguir pareja”, explica el psiquiatra.

En el Fobia Club se atienden 531 pacientes. El 30% es por fobia social. Ahora hay en tratamiento 140 personas. El año pasado sólo había 101. Carrión asegura que la fobia social es uno de los trastornos más habituales, que incluso supera a la agorafobia (el temor a circular o estar en lugares públicos) y el trastorno obsesivo compulsivo.

Más mujeres que hombres

Para el psiquiatra Enzo Cascardo, director del Centro IMA y secretario de la Asociación Argentina de Trastornos de Ansiedad, “la fobia social es una enfermedad que deteriora el funcionamiento global del ser humano. Los fóbicos sociales evitan cualquier contacto y situación porque temen que su comportamiento sea valorado negativamente. Se sienten juzgados todo el tiempo”.

O como dice Roxana, una licencia en publicidad que lleva tres meses de tratamiento: “Siempre me sentía bajo la lupa. Estaba pendiente de la opinión de los demás y tenía terror al rechazo”.

En el IMA hicieron un estudio sobre 384 pacientes que se atienden por fobia social. Resultados: el promedio de edad de consulta es de 33 años. Hay mayoría de mujeres (70%) y de pacientes sin pareja (58%). En ocho de cada diez casos, la fobia social apareció vinculada a otros trastornos, fundamentalmente la depresión y el consumo excesivo de alcohol.

A pesar de todas las angustias y tristezas que pueda provocar esta patología, que hace pensar a quienes la padecen que “están locos” o que su vida será un infierno sin fin, los especialistas aseguran que los tratamientos son, en general, exitosos.

En el abanico de propuestas hay psicoterapias individuales y grupales para mejorar la relación con los otros. Hay casos que requieren medicación para atenuar los síntomas de ansiedad. Algunas personas se sienten mejor a los pocos meses. Otras necesitan años. ¿La cura? Vivir situaciones sociales sin que sean un infierno. O, incluso, disfrutarlas.

Entrevista con Mariana Iglesias – Clarín Sociedad – 29 de noviembre de 2003